La
Terapia Floral: un nuevo amanecer,
por Eduardo H. Grecco
En
el mes de octubre se llevará acabo, en la ciudad de Cuernavaca,
Morelos, en el Hotel Hacienda de Cortés, el IX Congreso Internacional
de Terapeutas Florales, en el cual participarán como conferencistas
los mas destacados profesionales de esta especialidad. Pero, ¿En
que consiste este arte terapéutico?
La Terapia Floral ha recorrido un largo camino y hoy se encuentra
en un punto de transición muy cercano a alcanzar los objetivos
de su motivo de fundación.
¿Que se propone la Terapia Floral? Inicialmente aliviar el
dolor, paliar el sufrimiento y procurar la cura. Este objetivo es
semejante al que persiguen otras terapéuticas, pero, lo que
esencialmente diferencia a la Terapia Floral es que busca ayudar
a las personas a liberarse de la esclavitud de los afectos que los
atan al pasado.
Hay que pensar que las causas de nuestros males residen en las emociones
que no expresamos, que sofocadas, en algún momento de nuestra
historia, no dejaron por eso de existir. Afectos que son las marcas
vivas de experiencias dolorosas que, pendientes aún de solución,
retornan, desde la historia, disfrazadas como síntomas, sueños
o vínculos. Afectos que representan los apegos a patrones
de conducta que nos hacen sufrir y de los cuales, sin embargo, no
podemos desprendernos.
En este contexto los síntomas corporales, por ejemplo, son
gritos en el cuerpo de los afectos que la conciencia no quiere reconocer
y que la memoria no quiere recordar. Representan la presencia del
pasado en el hoy. Un pasado que nos estanca, que nos limita, que
no nos deja avanzar en la vida...
Naturalmente, entonces, parte de la propuesta de la Terapia Floral
consiste justamente en ayudar a que las personas expresen (hagan
a-florar) los afectos sofocados, ya que nada puede ser curado en
ausencia y nada, tampoco, puede ser dejado atrás, sin antes
haberlo vivido intensamente. Consecuentemente, este proceso genera
en cada persona la capacidad de poder despedirse de la neblina del
ayer y así ser capaz de ver el sol del presente en toda su
claridad.
Por este sendero los seres humanos se liberan de los anclajes del
pasado que los atan a circuitos de reiteración de hábitos
inadecuados; anclajes que en lugar de ser la manifestación
de “afectos” genuinos, emergen como “afecciones”
que nos llenan de desdicha. En este punto, la Terapia Floral, converge
con el Psicoanálisis y la Medicina Psicosomática.
Esta perspectiva que alienta la Terapia Floral, creada hace mas
de 70 años, por el Dr. Edward Bach, intenta acentuar el valor
de los afectos como una experiencia esencial de la vida y hacer
hincapié en que los síntomas, vínculos y emociones
que pueblan nuestra vida siempre poseen un sentido. Que nada es
casual, que todo lo que nos acontece son citas que la vida propone
para que podamos aprender. Que la tierra es una escuela en donde,
en este día de colegio que es nuestra vida, tenemos la posibilidad
de crecer y evolucionar.
Para
poder ayudar en este proceso la Terapia floral ha desarrollado una
serie de remedios, naturales y de una significativa acción
benéfica para el organismo, remedios que actúan sobre
nuestro mundo emocional y desde allí sobre toda la personalidad.
Personalidad entendida como una estructura que abarca tanto el psiquismo
como el cuerpo, en tanto, cuerpo y mente son solo conceptos para
hablar de un único existente que se enferma.
En esta dirección la Terapia Floral proporciona bienestar
y alivio a los padecimientos de una persona sin hacer distinción
en que esfera de la persona estos se encuentren. Ya sea una depresión,
una diabetes, angustia o asma, la flores siempre hacen su aporte.
En muchos casos, también, se logra la cura pero, aunque no
sea así, siempre transforman la actitud del paciente de un
modo positivo.
Como en todo arte de curar, los resultados son siempre acordes a
las posibilidades de la naturaleza de la terapéutica usada,
la situación del paciente y del padecer que se trata de sanar.
Pero bien vale la pena la experiencia de transitar por las esencias
florales camino a encontrarse a uno mismo y sanar las heridas del
cuerpo y del alma. Luego de la experiencia, es el momento de evaluar
los resultados con un espíritu abierto ante lo nuevo aún
cuando cuestione las creencias que tenemos sobre la salud, la cura
y la enfermedad y aún cuando lo que nos aporte no sea lo
que esperábamos. Es que, muchas veces, ocurre, en la Terapia
Floral, que uno va por lana y sale trasquilado. Y es que las esencias
florales no siempre proporcionan lo que se anhela sino aquello que
realmente necesitábamos, aún cuando ignorábamos
que cosa era y aún cuando sus bendiciones se hacen carne
en la conciencia bajo al forma de una vivencia inesperada, paradójica
o “inoportuna”.
La Terapia Floral ofrece al hombre una nuevo amanecer. Nos hace
descubrir que el cuerpo no es una carga sino el pivote de nuestra
existencia; que existir es coexistir y que es sólo en la
dinámica de un vínculo de amor como evolucionamos
y sanamos. Nos enseña a reconciliarnos con nuestras emociones,
cualquiera sean, ya que, todas nos son necesarias y todas cumplen
una función importante en nuestra vida, aún aquellas
que tienen muy mala prensa como el apego, la envidia o los celos.
Al mismo tiempo, nos hace comprender que para poder evolucionar
los seres humanos debemos incluir nuestras enfermedades como parte
del proceso de crecimiento, ya que, no son un mal a erradicar sino
una señal a entender y desarrolla la convicción de
que los remedios florales despiertan en cada uno de nosotros las
fuerzas autocurativas, ya que, la medicina cura, pero es la naturaleza
la que sana.
Pero, por sobre todas las cosas, la Terapia, Floral ofrece la posibilidad
de la experiencia de una relación terapéutica en la
cual ir descubriendo cuales son las cosas que nos han conducido
al sufrimiento y por medio de este encuentro creativo y reparador
aprender a transformar los recuerdos dolorosos en caricias, el peso
del ayer en un intenso presente y la desdicha en felicidad. ¿Podemos
pedir algo más?